No te metiste en puertas de garaje para andar persiguiendo pagos y haciendo malabares con la agenda. Entraste a este negocio porque el trabajo es directo y la demanda no para. Cada colonia tiene cientos de puertas que eventualmente se van a descomponer, y cuando pasa, el cliente quiere que se arregle ayer. Pero el lado administrativo es donde se complica todo.
Tu teléfono no para de sonar mientras estás subido en una escalera ajustando tensión de resortes. No puedes contestar a media reparación. Para cuando devuelves la llamada, la mitad de esos leads ya contrataron a otro. Y los que sí agarras — cotizarlos significa orillarte, hacer cuentas de piezas y mano de obra, y escribir todo. Son veinte minutos que podrías estar usando en el siguiente trabajo.
Luego está la perseguida de pagos. El trabajo está terminado, la puerta funciona perfecto, pero la factura lleva una semana sin pagarse. ¿Y si tuvieras un socio de negocio que se encargara de todo esto desde la app que ya usas todos los días? Eso es Nalo.

